Reeducación y ley de causa y efecto

Sufrimiento

Ya sabéis que, desde hace meses, se puso en marcha el conocido Grupo de Espiritismo Kardeciano, en el que todos los aficionados a la doctrina Espiritista (sin importar religión, país, raza, etc) pueden exponer y conocer aún más el Espiritimo. De hecho, existen algunos usuarios que han llegado sin conocer absolutamente nada, para posteriormente saber todo lo que atañe a la filosofía. Es curioso que algunos de los usuarios (muy pocos) han llegado exponiendo sus problemas. Incluso yo mismo he intentado buscar ayuda en el grupo, intentando encontrar un arreglo a algunas de las cosas que me suceden.

Los problemas a los que las personas hacen frente a diario son de lo más variados, aunque destaca la falta de trabajo, dinero, y el hecho de que algunas personas están siendo “exprimidas” en sus puestos. Hay muchos temas que sería necesario hablar en este tipo de situaciones, aunque todos coincidimos en que estamos pasando una serie de pruebas y expiando faltas que hemos cometido en el pasado. De eso trata la conocida ley de causa y efecto. Algunos la llaman Karma.

Qué es la ley de causa y efecto

Justicia

Miremos al Espíritu como una cuenta corriente, con ingresos y con gastos. Y miremos también nuestras acciones diarias, las cuales pueden ser tomadas en cuenta como ingreso o un gasto: si hacemos algo mal, nos quitarán dinero. Si hacemos algo bien, todo lo contrario. Básicamente (y sin acertar con total plenitud), la ley de causa y efecto es “sufrir y vivir todo lo que hagamos sufrir y vivir“. Tanto lo bueno como lo malo. Lo que hagamos será lo que nos tocará. Por ejemplo, si robamos una determinada cantidad de dinero, también podríamos llegar a un momento en el que suframos lo mismo.

Antes he mencionado que no he acertado con plenitud. Toda la razón, ya que en la ley de causa y efecto no se aplica como norma el “ojo por ojo y diente por diente“, sino que Dios tiene en cuenta todas situaciones. De nuevo, tanto para lo bueno como para lo malo. Es decir, que un asesino pase la espada contra su enemigo no significa que le vaya a pasar exactamente lo mismo. Lo más seguro es que haya bastantes similitudes.

Un ejemplo

Tumba

Ante este panorama visto de manera negativa (nada más lejos de la realidad), me gustaría echar un vistazo a uno de los ejemplos más notorios que se pueden encontrar en la Codificación Espírita. En “El Cielo y el Infierno” se puede constatar el caso de Antonio B, un “escritor de mérito, estimado de sus conciudadanos” que un día cayó víctima de una apoplejía. Este mal es conocido por mostrar una muerte aparente en el cuerpo. Es decir, la persona sigue viva, aunque en apariencia ha fallecido.

Tras ser sepultado, la familia solicitaba exhumar el cuerpo debido a que se habían dejado, por descuido, un medallón en el interior. La sorpresa fue encontrar el cuerpo situado en otra posición, con una mano parcialmente comida. La conclusión extraída fue que Antonio B. había sido enterrado vivo.

Un tiempo después se evocaba a su Espíritu con el fin de instruir a los médiums presentes y en petición de uno de sus familiares. En la propia conversación el Espíritu afirmaba lo siguiente:

¡Qué es la duración de una existencia en la eternidad! Ciertamente, he procurado obrar bien en mi última encarnación, pero este fin había sido aceptado por mí antes de volver a entrar en la Humanidad. ¡Ah!, ¿por qué me preguntáis sobre este pasado doloroso que sólo yo conocía, y los espíritus, ministros del Omnipotente? ¡Sabed, pues es preciso decíroslo, que en una existencia anterior había emparedado a mi mujer, ¡enteramente viva!, en una cueva. ¡Es la pena del Talión la que he debido aplicarme! Ojo por ojo y diente por diente.

Decir que en esta ocasión comento el caso con total respeto y como instrucción para los lectores. Existen bastantes más ejemplos en “El Cielo y el Infierno”, podéis consultarlos libremente.

En esta ocasión, Antonio B. había sido reeducado sufriendo una pena similar a la que había hecho sufrir en una de sus vidas anteriores. En el mismo texto se explica que el propio Espíritu había “solicitado una muerte semejante” con el fin de “abreviar el tiempo de su estado errante, y alcanzar más rápidamente las esferas celestes“. Es decir, el propio Espíritu se había sometido a esa expiación con el objetivo de progresar más velozmente.

La perfección de la justicia divina

Justicia

En el propio ejemplo podemos encontrar un pequeño fragmento que da a conocer el por qué de la llamada justicia divina:

Los castigos no son para que la Humanidad se desarrolle, sino para castigar al individuo culpable. Efectivamente, la Humanidad no tiene ningún interés en ver sufrir uno de los suyos. Aquí el castigo fue apropiado a la falta. ¿Por qué hay locos e imbéciles? ¿Por qué mueren algunos en el fuego? ¿Por qué otros viven muchos años en los tormentos de una larga agonía, no pudiendo vivir ni morir? ¡Ah! Creedme, respetad la voluntad soberana, y no tratéis de sondear la razón de los decretos providenciales. Sabedlo, Dios es justo, y hace bien todo lo que hace.

De esto podemos extraer que, en el caso de que nos suceda algún tipo de mal, todos los acontecimientos son completamente justos, tienen su lógica y razón, y debemos tenerlos en cuenta con el fin de reeducarnos y progresar. Sondead vuestras existencias y vuestros problemas. Pensad en vuestra forma de ser y, aunque sea poco, vislumbraréis que os pasan por alguna razón lógica. Si aprovecháis las “enseñanzas” saldréis victoriosos y progresaréis notablemente.

Reeducación

Educación

La pregunta que nos hacemos con esta única palabra es la siguiente: ¿puede ser un Espíritu reeducado utilizando el sufrimiento? No hay duda de que sí. Son muchas las advertencias que yo mismo he mencionado. Son muchos los avisos y, aún así, las personas ni siquiera se inmutan, siguiendo con una vida que en ocasiones rozan lo absurdo. No obstante, gracias a los hechos y al sufrimiento pueden conocer qué es lo que han hecho sufrir y, por lo tanto, aprender de lo que les sucede a ellos mismos.

Tal y como se puede leer en Espiritismo.cc:

Son flagelos de la Humanidad: la violencia (principalmente guerras), uso incontenido de las drogas, desatinos sexuales, miseria y hambre y otros vicios; son actos que degradan las personas que lo practican y transfieren a los semejantes grandes sufrimientos.

Son nuestros propios fallos los que nos llevan a cometer errores. Son nuestras propias faltas las que nos conducen a un destino fatal, tanto en esta como en otras vidas. Y son los sufrimientos los que tendrán que ayudarnos a reeducar nuestro Espíritu y a volver a la senda del bien. Nosotros elegimos la velocidad, la manera en cómo lo hacemos y, por supuesto, el camino que tomamos. A cada falta habrá su correspondiente justicia. Y a cada acto de bien habrá su correspondiente “recompensa”. Han sido muchos los Espíritus que han esgrimido que los actos buenos conllevan recompensas inimaginables para el cerebro humano.

No hagáis lo que no queráis que os hagan a vosotros

Amor

La conclusión que se puede extraer de todo esto es sencilla: si queremos ser felices, tendremos que ayudar a los demás. Si queremos ser felices tendremos que aplicar el amor en todo nuestros actos. Y, si queremos ser felices, necesitaremos expiar todas y cada una de nuestras faltas hasta que nuestra cuenta corriente quede con un saldo positivo.

No olvidéis que el mal que hagamos nos será devuelto en forma de sufrimiento, problemas y dolores de cabeza. Son muchos los orgullosos que afirman que “soy perfecto y nada malo me puede pasar“. Una gran mentira que se verá comprobada en su debido momento. Se dijo que Dios “enaltece al que se humilla y humilla al que se enaltece“. Existe mucha razón en esas palabras. Próximamente las analizaré. Mientras tanto: ¡haced todo el bien posible!

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