Libre albedrío, uno de los pilares perdidos

Muchos saben que yo mismo soy el primero que lucha contra los ataques a la libertad, al poder hacer lo que a uno le dé la gana sin prohibiciones (siempre que se respete a los demás, claro). Algo que se ha convertido en imposible en nuestra sociedad, donde estamos condicionados de diferentes maneras, ya sea por las demás personas, por la televisión, por las películas o incluso por los anuncios. No, no es ninguna broma lo que estoy diciendo. Poco a poco, nuestro libre albedrío se está viendo perjudicado.

Tampoco son pocas las veces en que nos dicen “no hagas esto” o “no hagas lo otro”, prohibiéndonos que realicemos actividades totalmente normales. Sí que podemos recibir consejos que nos ayuden a no cometer errores. Y precisamente esto último es lo que suelo leer mucho en los diferentes textos de Espiritismo que llegan a mis manos. De hecho, el libre albedrío es una ciencia es sí mismo. Con solo leer algunos trozos de El Libro de los Espíritus os daréis cuenta de ello.

Qué es el Libre Albedrío

Libre albedrío

Vayamos a la Wikipedia con el fin de reconocer una definición exacta:

El libre albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

El libre albedrío es la capacidad o la posibilidad de poder elegir por nosotros mismos lo que queramos, de poder tomar nuestras propias decisiones. Una posibilidad que no contemplan determinadas religiones y creencias, pero que sí se admite en el Espiritismo. De hecho, es uno de los pilares fundamentales de la filosofía. El Espíritu tiene la posibilidad, en todo momento, de decidir lo que más le conviene, de elegir entre el bien y el mal, lo malo y lo bueno. Y, por supuesto, puede elegir su propio camino.

Gracias a la pregunta 262 de El Libro de los Espíritus conocemos que el libre albedrío no siempre está a nuestra disposición. Al menos, cuando somos Espíritus simples, en la infancia:

262. ¿Cómo el Espíritu, que en su origen es simple, ignorante y desprovisto de experiencia, puede escoger con conocimiento de causa una vida determinada y ser responsable de tal elección?
– Dios suple a su inexperiencia trazándole la vía que debe seguir, como haces tú con un niño desde que está en la cuna. Pero, poco a poco le va dejando ser dueño de escoger, a medida que se desarrolla su libre albedrío, y entonces precisamente es cuando se suele extraviar, tomando el mal camino y desoyendo los consejos de los Espíritus buenos. Es eso lo que puede llamarse la caída del hombre.

Qué sucede cuando somos privados del libre albedrío

Libre albedrío

Cuando somos privados del libre albedrío perdemos la “propiedad” sobre nosotros mismos, ya que tenemos que hacer lo que otros dicen. Nos vemos obligados a llevar a cabo tareas que no nos gustan y que simplemente nos convierten en hipócritas. No son pocas las personas que, privadas de su libre albedrío, actúan de manera que no les gusta. Si lo hicieran de la forma en que verdaderamente quieren, lo más posible es que fueran apartados de la sociedad de algún modo. O incluso asesinados, tal y como se hace en determinados lugares.

Ya lo dijo Allan Kardec:

Negar al hombre el libre albedrío, sería rebajarlo a la categoría de máquina.

Una máquina desprovista del propio ser, de la propia manera de actuar. Una falsedad en toda regla.

Bueno o malo

Libre albedrío

Esto es lo que dice la pregunta 501 de El Libro de los Espíritus:

501. ¿Por qué la acción de los Espíritus sobre nuestra vida es oculta y por qué, cuando nos protegen, no lo hacen de una manera ostensible?
– Si contarais con tal apoyo no obraríais por vosotros mismos, y vuestro propio Espíritu no progresaría. Para que pueda él adelantar necesita experiencia y a menudo es preciso que la adquiera a sus expensas. Es menester que emplee sus fuerzas, sin lo cual sería como un niño al que no permiten que camine solo. La acción de los Espíritus que os quieren está siempre bien regulada, de modo de dejaros ejercer vuestro libre albedrío, por cuanto si no tuvierais responsabilidad no avanzaríais en el camino que debe conduciros hacia Dios. Al no ver el hombre a su sostén, se confía en sus propias fuerzas. No obstante, su guía vela por él, y de tiempo en tiempo le advierte que desconfíe del peligro.

La respuesta fundamenta que el libre albedrío es bueno debido a que así podemos avanzar en la escala de los Espíritus, adquiriendo una mayor responsabilidad y siendo dueños de nuestros actos. Es evidente que, si realizamos una mala acción, tendremos que atenernos a las consecuencias. Ya sea mediante las leyes de Dios, con las que recibiremos la correspondiente Justicia, ya sea por las leyes del hombre, las cuales incluso pueden privarnos de la libertad durante la propia encarnación.

Conclusión

Libre albedrío

El libre albedrío es uno de los conceptos imprescindibles sobre los que se apoya el Espiritismo. Si no lo tuviéramos, no progresaríamos al no ser dueños de nuestros actos y dejarnos llevar por lo que Dios decidiera. Algo que no está de acuerdo a su misericordia. Ante este resultado, lo mejor es respetar el libre albedrío y dejar que cada uno haga lo que desee, siempre haciéndose dueño de sus actos.

Por último, dejo a vuestra disposición el texto completo que le dedica Allan Kardec en El Libro de los Espíritus:

V.- Libre albedrío
843. ¿Tiene el hombre el libre albedrío de sus actos?
– Puesto que posee libertad de pensar, dispone asimismo de la libertad de actuar. A no ser por el libre arbitrio, el hombre sería una máquina.

844. Desde su nacimiento ¿goza de libre arbitrio el hombre?
– Goza de la libertad de obrar tan pronto como tiene la voluntad de hacer. En los primeros períodos de la vida su libertad es casi nula. Se desarrolla más tarde, y cambia de objeto, junto con las facultades. Puesto que el niño tiene pensamientos acordes con las necesidades propias de su edad, aplica su libre albedrío a las cosas de que necesita.

845. Las predisposiciones instintivas que el hombre trae al nacer ¿no son un obstáculo para el ejercicio del libre albedrío?
– Esas predisposiciones instintivas son las del Espíritu antes de su encarnación. Según sea él más o menos evolucionado, pueden inducirlo a cometer actos reprensibles, y en esto será secundado por los Espíritus que simpatizan con tales predisposiciones; pero no hay fuerza que sea irresistible cuando se tiene voluntad de resistir. Recordad que querer es poder.

846. El organismo ¿no influye sobre los actos de la vida? Y si posee una influencia ¿se ejerce ésta a expensas del libre arbitrio?
– Ciertamente que el Espíritu es influido por la materia. Ésta puede obstarlo en sus manifestaciones. He aquí por qué, en aquellos mundos donde los cuerpos son menos materiales que en la Tierra, las facultades se desarrollan con mayor libertad: pero el instrumento no da la facultad. Por lo demás, aquí hay que distinguir las facultades morales de las del intelecto. Si un hombre tiene instintos criminales, con seguridad que es su propio Espíritu el que los posee y el que se los da, pero no sus órganos. Aquel que aniquile su pensamiento, ocupándose sólo de la materia, llega a ser semejante a un animal, y peor todavía, porque no piensa ya en precaverse contra el mal, y en esto precisamente falla, puesto que obra así por su voluntad.

Libre albedrío

847. La alteración de las facultades ¿quita al hombre su libre arbitrio?
– Aquel cuya inteligencia se halle perturbada por cualquier causa deja de ser dueño de su pensamiento y, desde entonces, no posee ya libertad. Ese extravío constituye a menudo una punición para el Espíritu que, en una existencia anterior, puede que haya sido
vano y orgulloso y haber hecho un uso inadecuado de sus facultades. Podrá reencarnar en el cuerpo de un idiota, así como el déspota en el de un esclavo y el mal rico en el de un mendigo. Pero el Espíritu sufre con ese constreñimiento, del que tiene perfecta conciencia. Allí es donde se ejerce la acción de la materia.

848. La alteración de las facultades mentales por causa de la embriaguez ¿excusa los actos censurables que el hombre en tal estado cometa?
– No, por cuanto el ebrio se ha privado voluntariamente de su razón a fin de satisfacer brutales pasiones. En vez de una falta, está cometiendo dos.

849. ¿Cuál es, en el hombre en estado salvaje, la facultad dominante: el instinto o el libre albedrío?
– El instinto, lo que no le impide que obre con entera libertad en cuanto a ciertas cosas. Pero, igual que el niño, aplica esa libertad a sus necesidades, y ella se va desarrollando con la inteligencia. Por tanto tú, que eres más esclarecido que un salvaje, eres también más responsable que él por lo que haces.

850. La posición social ¿no es en ocasiones una valla para la entera libertad de acción?
– A no dudarlo, la sociedad humana tiene sus exigencias. Pero Dios es justo. Toma en cuenta todo, mas os deja la responsabilidad de los pocos esfuerzos que realizáis para superar obstáculos.

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