Qué es el amor

Amor

Amor

Mucha gente, al mencionar el término amor, empieza a pensar en relaciones sentimentales, en sentimientos y en parejas. Desafortunadamente, todavía estamos muy lejos de comprender el significado del amor, en su más simple pureza. La palabra esconde muchos sentidos, sin la necesidad de ceñirse a uno en concreto. Pensad un poco y descubriréis que la capacidad de amar llega a todo el universo: A las personas, a la naturaleza, a los animales, a Dios.

De nuevo, el Espiritismo viene a esclarecer las mentes al respecto, diciendo el verdadero significado del amor y confirmando que el Universo se mueve por él. Os dejo un texto, encontrado en el libro El Evangelio Según el Espiritismo, que estoy seguro os ayudará.

El amor, según el Espiritismo

Fenelón, una de las grandes personalidades de la Humanidad, vuelve a ella para aclararnos el concepto de amor:

El amor es de esencia divina, y desde el primero hasta el último poseéis en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado. He aquí un hecho que podéis haber observado muchas veces: el hombre más abyecto, más vil y más criminal, siente por un ser o por un objeto cualquiera un afecto vivo y ardiente a prueba de todo lo que tendiera a disminuirlo, que toma a menudo proporciones sublimes.

He dicho por un ser o por un objeto cualquiera porque hay entre vosotros individuos que prodigan los tesoros de amor de que su corazón rebosa, a los animales, a las plantas y aun a los objetos materiales; especie de misántropos, que se quejan de la humanidad en general, que se resisten a la inclinación natural de su alma y que buscan a su alrededor afecto y simpatía. Esos rebajan la ley de amor al estado de instinto. Pero por más que hagan, no podrán sofocar el gérmen vivo que Dios, al crearlos, depositó en su corazón: este germen se desarrolla y engrandece con la moralidad y la inteligencia, aunque muchas veces comprimido por el egoísmo, es origen de santas y dulces virtudes que constituyen los afectos sinceros y duraderos, y os ayudan a subir el camino, escarpado y árido de la existencia humana.

Hay algunas personas a quienes repugna la prueba de la reencarnación, en el sentido de que otras participen de las simpatías afectuosas a que están celosas. ¡Pobres hermanos! Vuestro afecto os hace egoístas; vuestro amor está limitado a un círculo íntimo de parientes o amigos, y todos los otros os son indiferentes. Pues bien, para practicar la ley de amor tal como Dios la entiende, es preciso que lleguéis por grados a amar a todos vuestros hermanos indistintamente. La tarea será larga y difícil, pero se cumplirá: Dios lo quiere, y la ley de amor es el primero y más importante precepto de vuestra nueva doctrina, porque aquella es la que debe un día matar al egoísmo, bajo cualquier forma que se presente; porque además del egoísmo personal, hay también el egoísmo de familia, de casta, de nacionalidad. Jesús dijo: “Ama a tu prójimo como a tí mismo”, ¿pero, cuál es el límite de tu prójimo? ¿Es, acaso, la familia, la secta, la nación? No, es la humanidad entera. En los mundos superiores, el amor mutuo armoniza y dirige a los espíritus avanzados que los habitan; y vuestro planeta, destinado a un progreso próximo para su transformación social, verá practicar por sus habitantes esta sublime ley, reflejo de la Divinidad.

Los afectos de la ley de amor son el mejoramiento moral de la raza humana y la felicidad durante la vida terrestre. Los más rebeldes y más viciosos deberán reformarse cuando vean los beneficios producidos por esta práctica: No hagáis a los otros lo que no quisiereis que os hicieran a vosotros, pero hacedles, por el contrario, todo el bien que podáis.

No creáis en la esterilidad y endurecimiento del corazón humano; a pesar suyo, cede al amor verdadero; es un imán al que no se puede resistir, y el contacto de ese amor vivifica y fecunda los gérmenes de esa virtud que está en vuestro corazón en estado latente. La tierra, morada de prueba y de destierro, será entonces purificada por ese fuego sagrado, y verá practicar la caridad; la humildad, la paciencia, la adhesión, la abnegación, la resignación, el sacrificio, todas las virtudes hijas del amor. No os canséis, pues, de escuchar las palabras de Juan Evangelista; ya lo sabéis: cuando las dolencias y la vejez suspendieron el curso de sus predicaciones, sólo repetía estas dulces palabras: “Hijitos míos, amaos unos a otros”.

Queridos y estimados hermanos, aprovechaos de las lecciones; su práctica es difícil, pero el alma saca de ellas un bien inmenso. Creedme, haced el esfuerzo sublime que os pido: “Amaos”. Muy pronto veréis la tierra transformada en Elíseo, donde las almas de los justos vendrán a gozar del reposo.

Cómo se ama

Amor

Amar no significa coger de la mano a vuestra pareja, sino hacer bien a todo el mundo, ayudandoles en la medida lo posible a llevar a cabo buenos objetivos. No os limitéis a la pareja. Amad también a vuestra familia, a vuestra nación, al mundo entero. Poco a poco la gente aprenderá a hacerlo y, finalmente, la paz llegará al planeta.

El Reino anunciado por Jesús está cerca. ¿Ya habéis aprendido a amar? Quizá es buena hora para hacerlo. Aunque sea a través de pequeñas buenas acciones que se vayan haciendo más grandes.

Fuente | El Evangelio Según el Espiritismo
Fotos | Wikimedia Commons – Anna-Kim Pagé Cornforth | FlickR – Marisa Haedo

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